Friday, February 16, 2007

Balance del año de Alejandro Goldzycher


Siento que la participación en las Olimpíadas, y en especial el intercambio de ideas y reflexiones con quienes compartí la experiencia, me ayudó a enfrentar con mayor fortaleza algunos de los problemas más graves que cubren como una densa y oscura nube distintas facetas del panorama contemporáneo. Múltiples y muy diversos temas fueron abordados en el transcurso de las reuniones llevadas a cabo en el colegio, las cuales, al constituirse en verdaderos espacios de debate y pensamiento, me resultaron sumamente enriquecedoras tanto desde el punto de vista espiritual como desde lo puramente intelectual. Cada encuentro representó para mí un paso adelante en el tránsito de la senda que lleva a un estado de contemplación que permite al hombre librarse de las cadenas que lo sujetan a un mundo turbulento y angustiante. A través de la ardua tarea que representa el análisis exhaustivo de lo que llamamos “realidad”, se logra una purificación de las pasiones provocadas por los elementos que conforman la vida cotidiana; gracias a este proceso, la racionalización de un entorno que nos inquieta y desconcierta se hace posible.
Lo que las Olimpíadas me proporcionaron no se restringió al marco de los encuentros efectuados en el colegio, sino que se extendió a las instancias que conformaron la realización de las mismas. En cada etapa, me hallé ante un cuadro de profunda meditación filosófica, pudiendo comprobar la existencia de un amplísimo arco construido a partir de una ingente variedad de formas de examinar la cuestión de los derechos humanos. Los argumentos que presentaban los participantes para defender sus propuestas resultaban en ocasiones contradictorios entre sí, mas ello no impedía que fuesen con frecuencia igualmente convincentes, interesantes y originales. Es allí donde reside gran parte de la riqueza y el misterio de la Filosofía: es el hecho de poder brindar una visión personal de un asunto en particular, prácticamente sin más condicionamientos que la consistencia de la propia idea que se pretende expresar y los que están determinados por el medio en el que uno creció y se desarrolló, lo que la convierte en algo tan variado y apasionante.
Quisiera agradecer a Pablo Roffé, por haberme orientado generosa y desinteresadamente durante este tiempo, a la profesora Patricia Lorenzen, por ayudarme con su g