Monday, December 25, 2006

Balance del año de Pablo Roffé


Uno de los enigmas más inquietantes que envuelven a la filosofía, concebida, de un modo muy general, como mera actividad de pensamiento, reside en su origen mismo: ¿qué es lo que hace que se pase de una reflexión natural –que aborda ingenuamente a su objeto- a una reflexión filosófica genuina –que piensa a su objeto y se piensa a sí misma de manera crítica-? Lejos de tratar de responder esta complejísima pregunta, mi intención –mucho menos pretensiosa, sin duda- es comentar que encontré, en las reuniones semanales de los sábados, estudiantes que ya habían dado ese paso misterioso. Ello tuvo, por cierto, dos efectos positivos: en primer lugar, facilitó la práctica docente, en la medida en que nunca se vio obstaculizada por el desinterés ajeno. Antes bien, ella encontró un aliciente en la buena predisposición de los estudiantes a la lectura, el diálogo y la producción filosófica; en segundo lugar, hizo que la Olimpíada de Filosofía, entendida sin más como mera competencia, se convirtiera, frecuentemente, en una excusa para mantener abierto un espacio de pensamiento e investigación filosóficos.
Ambos efectos, por lo demás, enriquecieron mis experiencias docente y filosófica. Quiero agradecer a Facundo y Alejandro por eso, y felicitarlos por su buen desempeño en la Olimpíada.
Asimismo, me gustaría agradecer, especialmente, a las profesoras Patricia Lorenzen y Silvia Di Segni por haberme dado la posibilidad de ejercer la docencia en un marco de libertad y diálogo inagotables.

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